Un país que no existe

En mi filmografía-particular, en ésa larga lista de películas que podría ver una y otra vez, o que literalmente he visto más de veinte veces desde el When Sally met Harry o Love actually se ha añadido una por demás especial, que está enmarcada en Londres, que está aderezada en inglés británico y que el personaje es un pelirrojo de ojos azules que está parado muy lejos de un Hugh Grant pero que tiene esa mirada y esa manera de cerrar los puños que me atrapa desde la primer secuencia.

La película se llama About Time y otro de sus méritos es que Bill Nighy hace el papel de “el padre” que no deja nada en el vacío, llena absolutamente todos los rincones con su presencia, con sus movimientos y con su andar que lo podría reconocer incluso con los ojos cerrados.

About Time tiene una historia de amor convencional y una pareja convencional, que me recuerda a mí misma en esa edad donde uno soñaba en dedicarse únicamente a leer el día entero como editora y donde uno andaba con un peinadillo curioso acompañado de faldas muy largas, de botines muy viejos y de suéteres de mangas por demás anchas, que de vez en vez empujaban el marco de los anteojos cuando se resbalaban a lo largo de la nariz.

La película es del 2013, yo la descubrí en la televisión hace apenas un par de meses y ya he alcanzado a verla al menos seis veces, la primera por suerte en soledad, lo cual me permitió secar un par de lágrimas, un par más en compañía de la familia y el resto a escondidas para evitar un eco de voces que dice “no otra vez”, pero es que la combinación de la teoría del tiempo, Bill Nighy y la posibilidad de aprender a hacer las cosas bien a la primera me resultan una receta por demás irresistible.

Aprender a hacer las cosas bien a la primera, parece una labor después de una larga vida de santidad, o acaso después de una, por demás, larga vida de tropiezos, en mi caso es el segundo, tropiezos de esos que te dejan la nariz raspada o la rodilla descascarada hasta los tropiezos que dejan un ojo morado o una temporada fuera de circulación en el hospital de la vida hasta que uno se aprende la lección.

Hacer viajes en el tiempo sería la trampa más encantadora que nos podríamos hacer a nosotros mismos para volver a hacer la tarea una y otra vez hasta aprendernos las respuestas y llegar al día siguiente al examen sin que el profesor nos reconozca y poder contestar bien cada una de las preguntas sin esfuerzo alguno, o quizá para reconocer al amor sin necesidad de pruebas maratónicas de error-llanto y lamentos o mejor aún encontrar el trabajo ideal. Trampa – trampa absoluta, pero pensándolo bien prefiero creer que aun teniendo la posibilidad de viajar en el tiempo tengo la oportunidad de hacer las cosas bien a la primera, de saludar todos los días a la recepcionista con una historia que la haga reír y de abrazar todas las noches a Mia-mi-Mia en su cama y llenarla de besos para preguntarle porqué la amo tanto y que me conteste con esa vocecilla de pito “no lo sé”, pero yo sí que lo sé pero no se lo digo porque es nuestra escena muy particular y cuando sea adulta y cuando le toque a ella ser la mamá, se acurruque también en el cuello de su propia criatura para decirle cuanto la ama y llenarla de besos y preguntarle porqué la ama tanto y Mia-mi-Mía en sus adentros tendrá entonces la respuesta a mi pregunta.

En aquel momento habrá dado la vuelta el tiempo, pero ahora no necesito viajar en él, ahora ya no, quizá antes lo hubiera querido, quizá antes hubiera querido regresar a mil secuencias de vida, quizá antes hubiera querido hacer y deshacer, editar y agregar efectos especiales, ahora ya no, ahora está perfecto como es, porque alguien a quien le he robado muchas frases de vida me enseñó que “hubiera” es un país que-no-existe, así que no hay boletos para llegar ahí.

Ahora lo sé y he dejado de buscar ese boleto, ahora que he quemado mis naves, pero aun así seguiré viendo a escondidas About Time aunque sea para hacerme un ovillo en el sofá y pensar muy muy para mis adentros que ahora no necesito viajar más en el tiempo, porque hubiera es un país que no existe cuando aquí y ahora simplemente tan solo-hay.

3 comentarios

  1. Avatar de Pilar Lopez
    Pilar Lopez · diciembre 7, 2015

    Una de las claves para ser feliz es dejar de buscar visa para el país que no existe

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  2. Avatar de Samuel Mendez Cajigal
    Samuel Mendez Cajigal · diciembre 8, 2015

    Totalmente de acuerdo que el pasado es solo eso el pasado, sin lugar a dudas nada se puede hacer al respecto solo aprender de el, pero siempre y muchas veces de la manera mas natural nos dejamos llevar por la tentación de la maquina y cambiar algunas cosas de nuestra vida; es parte de nuestra naturaleza o diga que no quien nunca lo a pensado.

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  3. Avatar de Perla Hernández
    Perla Hernández · diciembre 9, 2015

    EL PASADO NOS SIRVE PARA MEJORAR NUESTRO PRESENTE Y VIVIR EL PRESENTE AL MÁXIMO! EL FUTURO…. MMM YA VEREMOS.

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